lunes, 2 de noviembre de 2009

A la Mar


El Mar es la manifestación más sublime y exacta de Dios sobre la Tierra.

Así de imponente, así de magnifico y majestuoso. Igual o quizá la mejor traducción de su inmensidad, más allá de donde alcanzan a ver los ojos y la imaginación. Justo en ese horizonte infinito donde se une con el cielo y se vuelven uno.

Tiene la capacidad de revolcarnos incansablemente y también de acariciarnos con su delicadeza incomparable. Otorga la más grande paz que puede existir pero impone y nos atemoriza cuando se enfurece sin compasión hasta volver a esa tranquilidad apacible. Nos recuerda que vivimos a su merced y cuán vulnerables somos ante 'Él'.

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