Así de imponente, así de magnifico y majestuoso. Igual o quizá la mejor traducción de su inmensidad, más allá de donde alcanzan a ver los ojos y la imaginación. Justo en ese horizonte infinito donde se une con el cielo y se vuelven uno.
Tiene la capacidad de revolcarnos incansablemente y también de acariciarnos con su delicadeza incomparable. Otorga la más grande paz que puede existir pero impone y nos atemoriza cuando se enfurece sin compasión hasta volver a esa tranquilidad apacible. Nos recuerda que vivimos a su merced y cuán vulnerables somos ante 'Él'.
No hay comentarios:
Publicar un comentario