A veces es una decisión imprecisa o la voluntad es caprichosa y se empeña en algo que de antemano sabemos que no nos hará felices o que no nos hará bien o que lastimará a otros. Pero pensamos que 'será la excepción' la que retará al mundo y mostrará que podemos cumplir nuestro sueño de hadas (¿o de demonios?).
La realidad es que en cualquiera de los casos 'enamorarse' duele, hiere... Porque aún y que seamos correspondidos sabemos que no basta el amor sino realmente coincidir y convivir que es lo que a veces -o normalmente- se vuelve lo más difícil por no decir imposible y lo que termina por quebrantar esa ilusión, el amor y nuestra idea de un 'para siempre'. Y llegado el momento nos culpamos y nos castigamos por habernos permitido ser egoistas al amar o de lo que pudimos haber hecho o no hecho para evitar lo que nos desbarató.
Hoy he visto ese dolor en la persona que más me significa en este momento, como tantas veces me vio a mí. Llorando a mares, con el corazón resquebrajado, como nos ha pasado a quienes hemos vivido algo semejante. No hay forma de evitarlo. Quizá haya modo de mitigarlo pero qué impotencia más grande se siente al no poder hacer algo más que simplemente consolar o en silencio compartir ese desahogo que hoy sintió.
Me conmovió hasta las entrañas. La imagen de su dolor quedó fotografiada en mi mente. Porque le quiero, porque entiendo lo que está sintiendo, porque quisiera resolverle la vida. Lo que sí debo decir es que ese trayecto de hoy, con ese paisaje y con la canción incansable que acompañaba su dolor con nuestras gargantas desgarrándose hasta hacerla nuestra, entre lágrimas y sollozos que a pocos nos deja saber, a través de las curvas de esa carretera tan caprichosa, con mi mano tomando fuerte la suya a pesar del riesgo de manejar yo sólo con mi mano izquierda, es algo que quedará en mi corazón para siempre!
Y siempre le desearé que sea feliz
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