Con una sonrisa rompe el miedo.
No me había dado cuenta cuánto en mi vida había estado regido por el miedo. Había sido mi eje y mi motor, mi supervivencia; quizá mi adicción. Parecía como si no hubiera sabido vivir sin el miedo siendo mi forma más segura para lidiar entre la realidad y mis pensamientos. ¿Cómo hacerlo de otra manera?
No supe cómo pero me surgió la duda y la necesidad de moverme para hacerlo diferente.
¡Qué grande es Dios en su infinita sabiduría!
domingo, 29 de enero de 2012
martes, 17 de enero de 2012
Por mi culpa, por mi grande culpa
El coraje o rencor en sí no lo sentimos por quien nos dañó, sino por nosotros mismos que no nos perdonamos haber permitido que alguien más nos vulnerara.
Cuanto más grande haya sido nuestro error o descuido, más fuerte se nos atraganta. Más tardamos en "auto-perdonarnos" y en centrar la culpa en el otro quien por supuesto -a veces- ni se inmuta.
Así que sano sería comenzar por perdonarnos a nosotros mismos. Lo demás se abona a la justicia divina que ya no nos toca comprobar aunque quisiéramos. Esa es la tarea de Dios, creo yo.
Cuanto más grande haya sido nuestro error o descuido, más fuerte se nos atraganta. Más tardamos en "auto-perdonarnos" y en centrar la culpa en el otro quien por supuesto -a veces- ni se inmuta.
Así que sano sería comenzar por perdonarnos a nosotros mismos. Lo demás se abona a la justicia divina que ya no nos toca comprobar aunque quisiéramos. Esa es la tarea de Dios, creo yo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)