lunes, 4 de junio de 2012

París

La canción que ha cobrado un sentido muy mío en este día.

"Ven, acércate.
Ven y abrázame.
Vuelve a sonreír,
a recordar París,
a ser mi angustia.
Déjame pasar una tarde más.

Dime dónde has ido,
dónde esperas en silencio, amigo.
Quiero estar contigo y regalarte mi cariño,
darte un beso y ver tus ojos disfrutando con los míos
hasta siempre, adiós mi corazón.

Ven, te quiero hablar.
Vuelve a caminar
Vamos a jugar al juego en el que yo era tu princesa.
Ven, hazlo por mí.
Vuelve siempre a mí.

Dime dónde has ido,
donde esperas en silencio, amigo.
Quiero estar contigo y regalarte mi cariño,
darte un beso y ver tus ojos disfrutando con los míos
hasta siempre, adiós mi corazón.

No hay un lugar que me haga olvidar
El tiempo que pasé andando por tus calles junto a ti
Ven quiero saber Porque te fuiste sin mí
Siempre tuve algo que contarte.

Dime dónde has ido,
donde esperas en silencio, amigo.
Quiero estar contigo y regalarte mi cariño,
darte un beso y ver tus ojos disfrutando con los míos
hasta siempre, adiós mi corazón.

No hay nada que me haga olvidar
el tiempo que ha pasado ya
y no volverá
no hay nada más
adiós mi corazón."

-LOVG

jueves, 9 de febrero de 2012

Vestida de Azúcar

"Y aunque sé que llevo las de perder, prefiero dar un salto a lo desconocido en un instante VIVIDO...

Me moriré o lo lograré"

Sea por Dios

domingo, 29 de enero de 2012

Rompe el miedo

Con una sonrisa rompe el miedo.

No me había dado cuenta cuánto en mi vida había estado regido por el miedo. Había sido mi eje y mi motor, mi supervivencia; quizá mi adicción. Parecía como si no hubiera sabido vivir sin el miedo siendo mi forma más segura para lidiar entre la realidad y mis pensamientos. ¿Cómo hacerlo de otra manera?

No supe cómo pero me surgió la duda y la necesidad de moverme para hacerlo diferente.

¡Qué grande es Dios en su infinita sabiduría!

martes, 17 de enero de 2012

Por mi culpa, por mi grande culpa

El coraje o rencor en sí no lo sentimos por quien nos dañó, sino por nosotros mismos que no nos perdonamos haber permitido que alguien más nos vulnerara.

Cuanto más grande haya sido nuestro error o descuido, más fuerte se nos atraganta. Más tardamos en "auto-perdonarnos" y en centrar la culpa en el otro quien por supuesto -a veces- ni se inmuta.

Así que sano sería comenzar por perdonarnos a nosotros mismos. Lo demás se abona a la justicia divina que ya no nos toca comprobar aunque quisiéramos. Esa es la tarea de Dios, creo yo.