Ni por todo el daño que -por ganarse algunos pesos- me pudo causar con toda la intención 'alguien' que ni me conocía, NUNCA y bajo ninguna circunstancia, hubiera deseado lo que hoy padecen sus familiares y amigos por la tragedia del terremoto en Haití.
Incalculable desastre. Pero más aún el dolor de todos los dolidos, lastimados, agredidos, ignorados, sometidos, violentados, ultrajados... y no precisamente por la naturaleza. Indigno factor de quienes han hecho de esta Nación, la más desprovista de cobijo aún antes del temblor.
Y me conmuevo. Me estremezco de tan irreal y fatídica coincidencia. ¡Cuánto dolor! Hoy a cambio elevo mis plegarias para que pronto les llegue el consuelo y la luz que les devuelva la vida a quienes se quedan aquí sintiendo que se les fue el alma junto los caídos bajo los escombros.
Sea por Dios!
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