Mucho tiempo aspiramos a ser el orgullo de nuestros padres. Yo desde pequeña fui más apegada a mi papá quien era mi gran ídolo. Con el tiempo, y pese a la distancia de una familia disfuncional, todo indica que soy lo más parecida a él. Sea por simple genética o por el estereotipo que me impuse desde muy pequeña a partir de su imagen y que desde entonces fue el eje hacia donde dirigí mis pasos.
Comimos nuevamente él y yo hace unos días y tuvimos una larga sobremesa esperando la hora para el concierto de mi hermana. Me ha dicho cosas hermosas cada tanto pero ese día en especial explicó algo –acerca de mi intelecto– y de cómo eso me ‘marca’ siendo mujer.
Hubiera esperado que me lo dijera cualquier persona menos Mi Padre. Porque viniendo de Mi Padre, con todo el bagaje de experiencia que trae a cuestas, con lo reservado que es en sus comentarios y más aún con sus elogios, fue, más que un halago, una sentencia.
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