Desde aquel septiembre, en pleno milenio que Ebben llego a mí, sigue siendo Ebben y todo lo que con ella viví. Como la canción más querida, la que más siento, que más me mueve hasta sacudirme, hasta sucumbir.
Tan única. Tan grande. Tan mía. Tan desconocida y tan indescifrable. De tan incomprensible que me atrapa y me deja con ese gran vacío que aún sigue ahí. Que me conmueve sin más razón que la de ser así hasta doler.
Nadie me preguntó. Mi opinión no contó. Así fue como no tuve opción. Y ahora como entonces, ahora como siempre:
Si un solo deseo pudiera pedir a Dios y a la vida, es que tan bella canción se quedara conmigo para siempre... Así sea!